Eres tú una bomba de tiempo para caminar

¿Eres una bomba de relojería andante?

Algunos de ustedes van a haber leído un artículo reciente en la portada en The Wall Street Journal. Los noteros discutieron que con mucha continuidad, la red social médica es incompetente cuando hablamos de hacer un diagnostico aneurismas aórticos; no hay suficientes doctores y suministradores de atención médica que conozcan lo bastante sobre este inconveniente precario. Incontables autopsias, llevadas a cabo a individuos cuyas muertes repentinas sucedieron luego de un ataque de mal torácico, revelaron que un aneurisma aórtico fue el verdadero culpable, y no un ataque cardíaco.
Este fue la situacion de alguien a quien amaba intensamente. Me sentí devastada y afligida cuando no logré resucitar a mi propio padre en el piso de la cuarto de mi infancia. ¿Puedes imaginarte, con toda mi formación, perder a una de la gente a las que debía mi vida y educación? Una autopsia mostró que nadie ha podido haber salvado a mi padre ese día; su aorta se había abierto de repente. Poseía setenta y seis años. Era tan brillante y escencial, que jamás habíamos imaginado que algo de esta forma pudiera estar mal. Pero ahí se encontraba él. Negó algún mal en el pecho. Tuvo un principio abrupto de debilidad, mareos y parálisis de piernas. ¿Cuántas ocasiones me he preguntado si antes había alguna señal reveladora de que sus doctores y yo hayamos fallado? Aunque ya he escrito de este acontecimiento y advertencias de observación previamente, es un tema que me agradaría comprobar y actualizar. 1
La reciente e inesperada pérdida del actor John Ritter, de sólo cincuenta y 4 años, fue el despertador que despertó mis propios sentimientos de pérdida y me logró darme cuenta de cuánta gente sigue caminando con aneurismas no diagnosticados, del mismo modo que mi padre. Es viable que haya captado algunas de las entrevistas en los instrumentos sociales para informar y comunicar que siguieron a la desaparición de Ritter, a lo largo de las cuales los doctores describieron la disección (una parte debilitada de la aorta que empieza a desgarrarse) como extraña e indetectable. Escuchar tales comentarios fue, claramente, perturbador para alguien como yo. En mi vida profesional como experto cardiovascular intervencionista (que es el que ejecuta métodos invasivos), he visto mi parte justa de aneurismas aórticos torácicos en todos los grupos de edad. Algunas son lágrimas lentas, cuando hay tiempo para la participación si se hace el diagnóstico preciso. La sangre gotea entre las capas de la pared arterial pero puede ser reparada. Pero algunas veces, el desgarro sucede bastante ágil y con mucha fuerza como para que se repare.
Mi primera vivencia con esta circunstancia catastrófica fue con un tipo de veinticinco años, cuya pared aórtica se rompió en el transcurso de un salto en paracaídas de caída libre. Aunque la cirugía de emergencia salvó a este joven, después murió de una segunda disección cuando sólo poseía treinta y muchos años. Cuando esto ocurrió, hace veinticinco años, nos faltó la tecnología o el saber para predecirlo.
Recuerdo con profunda tristeza otro caso. Una niña de quince años se había desmayado mientras trabajaba en un asilo de ancianos. Se encontraba en la cima de su clase, brillante, alerta y interesante. Le agradecí a Dios ese día que pude hacer un diagnostico sus indicios muy de manera rápida en la salón de emergencias de nuestro hospital comunitario. Poseía enormes esperanzas de que ella podría estar bien si actuáramos ágil. Ella se encontraba descansando cómodamente cuando llamé al hospital de cirugía cardiaca más próximo para movilizar al grupo de corazón abierto. Cuando el jefe de cirugía cardiaca desafió mi diagnóstico, yo se encontraba estable y confiado y me mantuve estable. Su conjunto salió corriendo a la habitación para operar mientras la ambulancia se detuvo para transportarla ahí. Pero perdimos nuestra carrera contra el tiempo. Cuando le expliqué lo que le se encontraba pasando a ella y a sus padres ese día, ella sonrió de aceptación. Aparentaba tan tranquila. Aprenderíamos luego que su aorta se había coagulado y estabilizado en ese instante. Un instante luego, reposó. Con cara de sobresaltada exclamó, “ ¡Oh! ” y murió en mis brazos como una lágrima secundaria rompió toda su aorta. Siempre va a ser un recuerdo lamentable.
Algunos de ustedes recordarán otro caso de mi libro Heartbreak and Heart Disease. Compartí la narración de un caballero más grande en una circunstancia de emergencia semejante. Poseía sesenta y 4 años y acababa de presenciar un episodio de angustia emocional intensa. Su aorta empezó a disecarse en el transcurso de un ataque de íra. Cuando lo conocí en la salón de urgencias, se encontraba agarrado a la vida por un hilo. Se encontraba en shock cardiogénico, con presión sanguínea intensamente baja y depresión respiratoria. Por suerte para él y su familia, un diagnóstico ágil y una participación quirúrgica temprana acabó feliz.
Así que debe estarse preguntando a estas alturas, ¿qué tan recurrentes son los aneurismas aórticos torácicos (TAA)? Como dije previamente, un enorme conjunto de TAAs no son evidentes hasta que se ejecuta una autopsia. Las TAA además están en personas que han muerto por otras causas, al asecho como una bomba de tiempo potencial, que sólo hace tictac hasta que explota.
Epidemiología y genética de los aneurismas aórticos torácicos
Es imperativo que usted entienda cuán frecuentemente TAA puede ser y los peligros hereditarios comprometidos para que usted logre buscar evaluación si usted, li

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